Últimas Noticias

Armin van Buuren cierra una nueva temporada de WEDJS en Opium Barcelona


En la cúspide de su éxito, el mejor consejo que Armin van Buuren quiso transmitir a los DJs jóvenes que buscaban abrirse paso en los círculos de la música electrónica se resumía en una lección de modestia. “Pincha, pero hazlo como un hobby”, decía. “Mientras tanto, ten un trabajo normal y estudia. Sólo hay cien DJs en todo el mundo que alcancen el máximo nivel y puedan vivir de esto”. 

Ahora que el mundo dance se ha ampliado y se ha transformado en una industria global, el número de DJs profesionales ha aumentado y hay más posibilidades de llegar arriba si se trabaja duro, pero el milagro que obró el artista holandés parece casi irrepetible para las futuras generaciones: ha sido el número 1 en el ranking anual de la revista DJ Mag en cinco ocasiones -entre 2007 y 2010, y una vez más en 2012-, y no ha bajado prácticamente del podio desde 2003: es, sencillamente, el artista electrónico más aclamado del mundo. 


¿Su secreto? Él lo resume en otra frase célebre: “Hoy todo el mundo está conectado, pero no hay nadie que conecte”. Construyendo sus producciones y sus sesiones con elementos infalibles -arpegios estimulantes, melodías memorables, progresiones armónicas gigantescas, evoluciones que hacen que el público estalle de éxtasis, levante los brazos y llore-, Armin ha logrado mover los pies de la gente, pero sobre todo sus corazones. 

Si el trance progresivo ha sido uno de los géneros más solicitados por el mainstream electrónico -antecesor directo del boom universal de la EDM-, ha sido sobre todo porque DJs como Armin lo han vuelto humano, emocional. Su último proyecto, por si aún quedaban dudas, es Embrace (Abrazo), el álbum y la gira con la que intentará consolidar su dominio mundial en 2016. Ha trabajado duro para llegar donde está. 

Parecía difícil que alguien pudiera destronar a DJ Tiësto, la gran vaca sagrada del trance holandés, pero Armin van Buuren encontró el camino: humildad y persistencia, sesiones urdidas a la perfección y material propio que traspasara la piel, que estremeciera desde el primer beat. “Yo no siento amor por la música”, cuenta. “Lo que yo siento es auténtica pasión”. Y si esa pasión se transmite, ya has ganado.